En el paciente politraumatizado, generalmente se le resta importancia a las fracturas y las deformidades esqueléticas secuelares acarrearán dificultades terapéuticas.

Existe un criterio uniforme en el manejo de las fracturas de los niños y es la simplicidad en el proceder.

El principal requisito es el alineamiento, pequeñas angulaciones son aceptadas y no se admiten deformidades por rotación.

Blount nos enseñó que el grado de corrección espontánea de un hueso largo angulado depende de la edad del niño, la distancia de la fractura respecto del extremo del hueso y el grado de angulación.

Cuanto más pequeño es el niño y más cercana del extremo del hueso esté la fractura, tanto mayor será la angulación que pueda aceptarse.

Las angulaciones corrigen espontáneamente mejor, cuando la deformidad se encuentra en el plano del movimiento de una articulación próxima (vértice hacia la superficie flexora).

De acuerdo con los datos que ha presentado en los últimos años el Journal of Pediatric Orthopaedics, se puede observar que del 17, 8% de pacientes con lesiones que presentan fracturas durante el transcurso de 1 año, los niños representan entre el 1,6% y el 2,1%; y el 0,43% de pacientes que requieren internación, los menores de entre 0 y 16 años representan un 6,8%.

En los niños existen diferencias en la incidencia de este tipo de lesiones de acuerdo con el sexo, ya que del porcentaje de niños que sufren al menos una fractura entre los 0 y 16 años, el 43% corresponde a los varones y el 27% a las mujeres. Además, algunas fracturas son más comunes que otras en los chicos: por ejemplo la muñeca (con el 23,3% de incidencia), la mano (20,1%) y el codo (12,2%) son las más frecuentes.

En el caso de las fracturas de muñeca y de mano con un buen diagnóstico y un simple tratamiento incruento, se soluciona el problema en la mayoría de los casos. Pero en el caso del codo, que incluye la fractura supracondílea de húmero, es fundamental la óptima atención para evitar las complicaciones de deseje, vasculares o nerviosas.

Otras fracturas comunes son la de clavícula (6,4%); las diafisarias de radio y de tibia (6,4% y 6,2% de incidencia, respectivamente); la de pié (5,9%), hay que tratarlas siempre teniendo en cuenta la posibilidad de un síndrome compartimental, y la de tobillo (4,4%), que es importante con relación a la atención, ya que implica una variedad de lesiones que pueden comprometer el cartílago de crecimiento.

Por otra parte, entre las más delicadas se encuentra la fractura de fémur (que se da en un 2,3% de los casos de fracturas en niños) ya que incluye la cadera y se puede presentar una necrosis avascular.

Las fracturas del cuello femoral no se corrigen por moldeado (la coxa vara secuelar es permanente en un niño mayor).

El cabalgamiento no solo está permitido, sino que es deseable en las fracturas del húmero y del fémur durante la 1ª década de la vida.

En cuanto al tratamiento de las fracturas, es uno de los aspectos en los que la especialidad ha tenido más avances y cambios. Ello se debe a un aumento en la difusión de la información ya que aparecieron publicaciones específicas de Traumatología Infantil; a que se pone mayor énfasis en el tratamiento quirúrgico; y, por último, a un cambio en la incidencia (que es variable y depende de la edad del niño, la estación del año, el medio cultural, zona de residencia, entre otros factores más y en su etiología, si se trata de accidentes, no accidentales, de maltrato o por condiciones patológicas del menor.

En ese sentido, el propósito del estudio de las fracturas en los niños ha cambiado ya que si bien originariamente el objetivo era identificar los huesos fracturados y como consolidaban, actualmente se busca recoger información en un intento de disminuir la incidencia mediante el establecimiento de programas de prevención, como son la mayor protección y la seguridad en los campos de juego y equipos deportivos, el correcto uso del cinturón de seguridad, y conciencia de las autoridades a la hora de mejoras las plazas y parques públicos.

El tratamiento es incruento en la mayoría de los casos. Las excepciones son el fracaso del tratamiento conservador, las fracturas articulares desplazadas, las expuestas, las complicadas con lesiones vasculo-nerviosas y aquellas fracturas en niños mayores que requieren prolongadas e incomodas inmovilizaciones.

El conocimiento del pronóstico es sumamente útil en los niños.

El crecimiento es una ayuda en la corrección de posiciones viciosas o acortamientos.

El crecimiento también actúa negativamente cuando hubo lesión del cartílago fisario, produciendo deformidades.